En el marco del Ciclo de Formación en Pedagogías Críticas, organizado por la Escuela Pablo de Tarso, un docente escribió una carta a otro educador.
Por Pablo Cepeda
No sé si esto pretende ser una carta para un educador popular, más bien es una mezcla de ideas, sentimientos, sueños, afirmaciones y sobre todo pocas certezas. Desde que conocí la escuela Pablo de tarso mi vida como educador cambió por completo.
Todas esas convicciones y seguridades que tenía previamente ejerciendo la docencia se vieron sacudidas por otras realidades muchos más profundas.
Más allá que eso me generó al principio mucho miedo me sirvió para utilizarlo como una posibilidad, de querer cambiar algo, de querer cambiar.
Esto hizo que a medida que conocía más todo lo relacionado con la escuela más me enamoraba del proyecto. Entender que si no nos dejamos conmover y sino no nos sentimos interpelados por esas nuevas realidades nuestro trabajo en la escuela va a ser como cualquier otro, vamos a estar de paso, y quizás descontentos por muchas cosas.
Conocer al chico/a no es saber sólo como lo vemos en el colegio, es también saber qué les pasa, cuáles son sus sueños, su lenguaje, dónde viven, cómo es el barrio. La importancia de generar vínculos para que ellos, los chicos/as, también se apropien de la escuela como su lugar, nuestro lugar.
Me queda una frase que resume todo esto y es: “La cabeza piensa donde los pies pisan”.




