Recuerdo mi primer acercamiento a la Escuela Nº 264 “Enrique Angelelli” cuando era solo un proyecto, una idea del Padre Germán Brusa. Fue él quien me compartió su visión sobre la necesidad de una escuela de oficios en esta zona de la ciudad, un lugar al que yo ya estaba profundamente ligado por mi trayectoria docente. Su visión impulsó la iniciativa, que luego fue abrazada por la Fundación Presencia Presente. Ellos dispusieron de todos los medios y recursos para llevarla adelante, convirtiendo esa necesidad en una realidad tangible para la comunidad.

Desde siempre la educación ha sido el motor que ha marcado mi camino, forjando un vínculo con este sector de la ciudad. Mi nombre es Diego Botteri, y comencé hace ya varios años dando clases en la Escuela Primaria N° 22 San Antonio Maria Gianelli. Con el tiempo, tuve el privilegio de ver nacer la escuela secundaria en el mismo edificio, donde también fui docente. Mi trayectoria siempre ha estado ligada a esta zona, acompañando los procesos educativos de su gente, tanto en el Centro Comunitario N° 4 “La Floresta” como en la Escuela Secundaria de Gestión Social D-242 «Pablo de Tarso».

A lo largo de los años, he comprendido que la educación de jóvenes y adultos es un campo único y profundamente gratificante. En la Escuela Nº 264 “Enrique Angelelli” los alumnos son padres, madres, trabajadores, vecinos que después de una larga jornada, se dan el tiempo para volver a la escuela. Vienen con responsabilidades, poco tiempo y una enorme sed de superación. Aprecio profundamente ese esfuerzo, esa entrega, y esa valentía. Ellos no solo buscan un certificado; buscan tener más herramientas para mejorar su presente y construir un futuro mejor.
He aprendido que la educación tiene en su ADN la transformación del ser humano. Para mí, es un proceso recíproco. En el aula, yo no solo transmito conocimientos, sino que aprendo constantemente de la perseverancia, de su sabiduría y la experiencia de mis alumnos. Mis estudiantes, que son mayores, me han enseñado a ver el mundo desde una perspectiva diferente, a adaptar mi enseñanza y a valorar el aprendizaje como un camino compartido. Como decía el gran pedagogo Paulo Freire, «Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.» Esa es mi meta: darles las herramientas para que ellos mismos construyan su propio saber y su propio destino.
Un punto de inflexión para el barrio
La Escuela de capacitación Laboral para la formación profesional de Gestión Social D-264 “Enrique Angelelli” no es solo una institución educativa; para mí, es un verdadero punto de inflexión en el corazón de nuestra comunidad. En un sector históricamente postergado y con oportunidades laborales escasas, esta escuela se ha convertido en un faro que ofrece capacitaciones de calidad a jóvenes y adultos.

Aquí, el conocimiento no solo es poder, sino que es el cimiento para construir un futuro mejor. Con el lema de nuestro patrono, el Beato Enrique Angelelli, «Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio», esta institución encarna la misión de acercar la formación profesional a quienes más la necesitan. Demuestra que la educación de oficios puede ser una herramienta poderosa para el cambio social y el desarrollo comunitario.
Cada vez que veo a un alumno salir del taller de informática con los conocimientos de una nueva herramienta tecnológica o desde el taller de costura con una prenda terminada, sé que estamos presenciando el inicio de una transformación. Estamos demostrando que, con el apoyo de la escuela y el esfuerzo personal, cada persona puede mejorar su realidad y la de su familia.
El futuro de una escuela con los pies en el barrio
Como escuela de Gestión Social, con el pie firmemente en la comunidad. es una institución joven, pero con una visión de crecimiento y un profundo conocimiento de las necesidades de los vecinos. El camino recién comienza. Para responder a la demanda de la comunidad, aspira a incorporar nuevos talleres y a ampliar la oferta de capacitaciones, brindando más oportunidades de inserción laboral.

Prof. Diego Botteri




